¿Son todas las opiniones respetables?

Con tanto experto por el mundo —incluyéndome claro, ja!— tanta polarización y tanta información, normalmente nos encontramos escuchando la frase “yo respeto todas las opiniones”. Lo siento, pero yo no.

   Stokes, profesor de filosofía en la Universidad de Deakin, Australia, muestra a sus estudiantes el porqué no tienen derecho a formular cualquier opinión y hace esta provocación para enseñarles a construir y defender un argumento y para reconocer cuando una creencia se vuelve indefensible. Tener derecho a formar una opinión o no es irrelevante para argumentar si algo es cierto o no.

    Dicho esto —y para no escandalizarnos ante semejante afirmación— comencemos por definir qué es una opinión. Una opinión puede tratar desde temas subjetivos como por ejemplo “a mí me gusta el color morado y a ti no”, hasta temas científicos (entiéndase, hechos). Como la “opinión” abarca tan amplio rango de definición, el quid de la cuestión es que ambos usos se mezclan implicando que uno es igual que el otro, cayendo en picado en la falacia de “yo tengo derecho a formular una opinión y es tan respetable como todas las opiniones”.

¿Por qué es una falacia?

    Un hecho es verificable. Yo puedo decir “España vivió una dictadura” o puedo decir “estoy de acuerdo con que España haya vivido una dictadura”. Una opinión puede estar basada en hechos para construir un argumento. Pero lo más importante, es que indiscutiblemente, España vivió una dictadura.

    El profesor explica que “el problema con ‘yo tengo derecho a formar mi propia opinión’ es que muchas veces se usa para argumentar posiciones indefensibles. Se vuelve una manera de decir ‘puedo decir o pensar lo que me dé la gana’ y mi receptor tiene que respetar mi opinión”.

    Se mezcla el respeto con la opinión. Lo siento, yo no respeto todas las opiniones. Yo no respeto las opiniones —que si los opinadores— de que el holocausto era necesario, ni respeto las opiniones de que la revolución bolivariana ha sido buena para Venezuela —entre otras cosas que mejor no mencionar porque somos muchos los ofendidos por el mundo. Los hechos son claros y respetar todas las opiniones es lo que nos mete en problemas en primer lugar.

    Otra de las cosas que dice el profesor es que “si ‘tener derecho a formar mi propia opinión’ quiere decir que nadie debería detener a la gente de pensar y decir lo que quieran, entonces la afirmación es cierta pero trivial”. Tu puedes decir mil veces que las vacunas no sirven a pesar de toda la evidencia científica que demuestra lo contrario, lo cual es una opinión muy infundada. Pero si, tu puedes decir lo que quieras, vaya.

Ahora, “si ‘tener derecho a formar mi propia opinión’ quiere decir que tu punto y todos los puntos de vista tienen que ser tratados como un candidato serio a la verdad, entonces la afirmación es falsa”. En este caso la expresión se vuelve problemática porque es usada para implicar una igualdad de derechos en opinar sobre un tema en el que quizás uno de las dos personas en la discusión tiene mayor conocimiento sobre el tema e incluso para opinar sobre información falsa.

   Con tantos debates hoy en día, con tantas redes sociales, y tantas —valga la redundancia— opiniones, se pierde de vista esta sutil pero gran diferencia: puedes decir lo que quieras, eso no quiere decir que yo tenga que respetar tu opinión ni tomarla como un punto de vista válido si no está basado en evidencia. Respetaré las opiniones subjetivas. Respetaré si te gustan las anchoas y a mí no, pero no respetaré que digas que las vacunas han sido un mal para la humanidad. Con todas las normas de un buen diálogo, un discurso civilizado y hechos, te lo argumentaré, pero lo siento, no respetaré esa “opinión”.

    La diferencia está en que puedes opinar sobre las diferentes políticas que se pueden tomar para aminorar, por ejemplo, el calentamiento global, pero no puedes opinar sobre si el calentamiento global es cierto o no. Una cosa es una opinión en respuesta a un hecho y otra cosa es una opinión sobre el hecho per se. Una cosa es una opinión subjetiva y otra muy diferente, una hecho objetivo.

    Y aquí os dejo, con mi opinión sobre las opiniones, porque por decir, podemos decir lo que nos venga en gana, sin ton ni son, sin importar si estas de acuerdo o te repela, si te hace gracia o te disgusta, si lo respetas o me argumentas.

    La próxima vez que alguien te diga “todas las opiniones son respetables” diles que no y ya verás cómo enciendes el debate.

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