Día 6. Chinchorros

Este es uno de los textos que más me gustó escribir por el sentimiento que lleva consigo.

Consigna 6: Recorre tu casa y observa tu entorno inmediato, ¿Qué te dice la arquitectura del lugar?, ¿Qué te dicen los objetos a tu alrededor y los espacios de tu casa? Elegí dos elementos de cualquier naturaleza y úsalos como disparadores para escribir un texto. 

Aunque decía dos elementos, yo escogí solo uno: el chinchorro.

Vamos allá:

En Venezuela, los hay en casi todos los hogares. En Europa, es un lujo exótico deseado. Ese es: El Chinchorro. Mi historia de hoy: 

Si algo es común para los venezolanos, es disfrutar del descanso en un chinchorro, hamacas fabricadas de forma artesanal. Es el sitio preferido para descansar, desde el bebé hasta los abuelos; en la casa, la playa o cualquier lugar al aire libre. Tengo 4 chinchorros. Por ahora solo tengo dos colgados. El primero es una Masaya, una hamaca de una plaza. La mía viene de Brasil y mis padres me la compraron en uno de sus viajes. No fue fácil traerla porque el palo que la sujeta es muy largo y no entraba en la maleta, pero mi papá siempre tenía una solución para los problemas técnicos. Hizo su trabajo de carpintería en medio de una barbacoa en casa unas semanas antes de venir a España a visitarme. Agarró el palo, lo cortó por la mitad y le ajustó un tornillo para poder traerlo y enroscarlo aquí. Algo que siempre apreciaré. 

El segundo que tengo colgado era uno de los chinchorros de mi papá, con el típico tejido de red. Él dormía en el chinchorro, leía en el chinchorro, se tomaba el café en el chinchorro, hacía las siestas en el chinchorro, y soltaba filosofadas jocosas en el chinchorro como: “hombre enchinchorrao piensa mucho”. 

En mi casa honestamente no sé cuántos chinchorros había. Muchos. Pero si recuerdo con una “saudade” profunda el chinchorro sobre la cama de mis padres. En un intento de emular mi niñez, guindé el chinchorro de mi papá sobre mi cama, ante la extrañeza de la gente que lo ve. Bueno, digo los “guindé” porque en Venezuela se guindan. Ni se cuelgan, ni se ponen. 

Como dato curioso, el chinchorro tiene muchas definiciones, desde un pueblo de pescadores que habitó el norte de Chile, pasando por una embarcación pequeña y por redes para pescar, hasta bares o tiendas pequeñas y rústicas. Otro dato curioso: En Venezuela distinguimos entre el chinchorro y la hamaca. Un chinchorro es un tejido abierto de red y una hamaca es un tejido compacto. Dependiendo de la región del país, los materiales para tejer los chinchorros son variados y tienen su propio estilo de fabricación. Entre tantos de ellos están la palma de moriche, curagua, lana de oveja, hojas de cocuy, algodón, etc. 

Yo amo estos chinchorros. Aprecio el folklore, artesanía, cultura y recuerdos que vienen intrínsecos con ellos. Además, la verdad sea dicha, no hay siesta como la del chinchorro y yo estoy feliz con ese pedacito de raíz en mi casa.

Uno tiene una imagen de Venezuela que quedó congelada en el tiempo. Dicen que esa Venezuela no existe, aunque hace poco entendí que eso es una tontería. Esa Venezuela sí existe y la llevamos cada uno en nuestra memoria, recuerdos, experiencias, infancia. Por eso, la intención de revivir esa imagen en mi casa y que se enrede con la cultura europea que ya es parte de mí, es un intento de hacer que ese nudo grande y tropiezo, que une un antes y un después en la vida de todos los que nos fuimos, se haga cada vez más pequeño. Que al pasar los dedos por el hilo del tiempo, aunque sea por un instante, ese nudo desaparezca. 

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